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<<Voy a revelarle en pocas palabras un gran misterio de la vida humana. El hombre se agota por dos actos realizados instintivamente y que ciegan las fuentes de su vida. Dos verbos expresan todas las formas que asumen esas dos causas de muerte: QUERER Y PODER. Entre estos dos términos del obrar humano, hay otra fórmula que hacen suya los sabios, y yo le debo la dicha y mi longevidad. Querer nos abrasa y poder nos destruye.; pero SABER mantiene nuestro débil organismo en un perpetuo estado de tranquilidad. Así que el deseo o el querer murió en mí a manos del pensamiento; el movimiento o el poder se resolvió en mí a por el juego natural de mis órganos. En dos palabras: que puse mi vida no en el corazón que salta, ni en los sentidos que se embotan, sino en el cerebro, que no se gasta y todo sobrevive. Nada de excesivo hirió nunca ni mi alma ni mi cuerpo. Sin embrago, he visto el mundo entero. Mis pies han hollado las mas altas montañas de Asia y de América, he aprendido todas las lenguas humanas y he vivido bajo todos los regímenes. Le he prestado dinero a un chino, quedándome en prenda con el cadáver de su padre; he dormido bajo la tienda del árabe, confiando en su palabra; he firmado contratos en todas las capitales europeas, he dejado sin temor mi oro en el wigwham de los salvajes; en fin: que todo lo he tenido por haber sabido desdeñarlo todo. Mi única ambición ha sido ver. Y ver, ¿no es saber? ¡Oh!, saber, joven ¿no es gozar intuitivamente?, ¿no es descubrir la sustancia misma del fenómeno y apoderarse de su esencia? ¿Qué queda de una posesión material? Una idea. Pues juzgue lo hermosa que ha de ser la vida de un hombre que, pudiendo estampar todas las realidades en su pensamiento traslada a su alma las fuentes de la felicidad y extrae de ella mil voluptuosidades ideales, puras de escorias terrenas. El pensamiento es la clave de todos los tesoros, nos proporciona los goces del avaro sin sus inquietudes. Así me he cernido sobre el mundo, en el que mis placeres fueron siempre intelectuales. ¡Mis orgías eran la contemplación de mares, pueblos, selvas y montañas! Todo lo he visto, pero tranquilamente y sin fatiga; jamás desee nada, todo lo aguardé. Me he paseado por el universo como por el jardín de una casa que fuese mía. Lo que los hombres llaman penas, amores, ambiciones, reveses y tristezas son para mí ideas que cambio por ensueños; en vez de sentirlas, las traduzco; en lugar de dejar que devoren mi vida, las dramatizo, las desarrollo, me entrego con ellas como si leyese novelas con una vista interior. Puesto que jamás cansé mis órganos, disfruto de robusta salud. Como mi alma heredó toda la fuerza de la que yo no abusaba, esta cabeza mía está aún mejor amueblada que mis almacenes. Aquí -dijo golpeándose la frente- es donde están los verdaderos millones. ¡Paso días deliciosos lanzando una mirada inteligente al pasado, evoco países enteros, parajes, perspectivas marinas, figuras históricamente hermosas! Tengo un serrallo imaginario en el que guardo todas las mujeres que nunca fueron mías. Vuelvo a ver a menudo vuestras guerras, vuestras revoluciones, y las juzgo. ¡Oh!, ¡cómo preferir febriles, ligeras admiraciones por carnes más o menos bellas de color, por formas más o menos redondas!; ¡cómo preferir todos los desastres de vuestras decepcionadas voluntades a la facultad sublime de comparecer dentro de uno al universo, al inmenso placer de moverse sin sentirse agarrotado por las ataduras del tiempo ni por las trabas del espacio, al placer de abarcarlo todo, de inclinarse sobre el filo del mundo para interrogar a las otras esferas, para escuchar a Dios! Esto -prosiguió con voz clamorosa , señalando la piel misteriosa- es el poder y el querer reunidos. Aquí están vuestras ideas sociales, vuestros deseos excesivos, vuestras impertinencias, vuestros goces que matan, vuestros dolores que hacen morir en demasía; pues el mal no es, quizás, sino un violento placer. ¿Quién podría precisar el punto en el que la voluptuosidad se vuelve un mal y aquel en el que el mal es todavía un placer? ¿No acarician  la vista las más dulces tinieblas del mundo ideal, mientras que las mas dulces tinieblas del mundo físico siempre nos la hieren? ¿No emana del saber la palabra sabiduría? ¿Y qué es la locura sino el exceso de un querer o de un poder?>>

HONORÉ DE BALZAC "La piel de Zapa"

LO QUE PASÓ EN MADRID
Así terminaba el mensaje que recibí en torno a las tres de la tarde anunciando una concentración silenciosa por la verdad frente a la sede del PP en la calle Génova. Así comenzaba algo que con el paso de las horas iba difundiendose minuto a minuto. Por cada mensaje que la  gente recibía, se enviaban diez, quince, veinte mensajes más. Hubo gente que recibió hasta diez mensajes de grupos de gente diferente: familia, trabajo, lugar de estudios, gente del colegio, del barrio, y esos mensajes se multiplicaron hasta el infinito, propagandose como las llamas de un incendio por efecto del viento. A las seis de la tarde un despliegue policial protegía la sede del partido y sus efectivos pedían la documentación a todo manifestante que llegaba. Media hora después, sin embargo, la concurrencia de tantos madrileños sobrepasó la capacidad policial y una hora más tarde la calle Génova era un hervidero de gente gritando de rabia y pidiendo explicaciones al gobierno de la nación. Había gente que lloraba, otros expresaban su indignación a gritos, mentirosos, asesinos, te dijimos no a la guerra; vuestra guerra, nuestros muertos; no estamos todos, faltan doscientos; mentirosos, vosotros teneis chófer, nosotros cercanías; lo sabe todo el mundo menos nosotros; los muertos no se utilizan,
basta de manipulación, y queremos salir en La Primera.  
La prensa que se encontraba tras el cordón policial era mayoritariamente
extranjera, y había un gran despliegue de antenas parabólicas de cadenas
televisivas europeas. De las calles adyacentes y bocas del metro salía cada
vez más gente de todas las edades y razas que se unían a la concentración,
que de silenciosa al final no tuvo casi nada porque se nos hacía difícil
permanecer callados cuando se pretendía celebrar un  minuto de silencio.
Siempre alguien lo rompía con algún grito:  mentirosos, asesinos. Las lágrimas y la indignación se propagaban de  igual modo que la información. La gente estaba pegada a sus transistores y los móviles sonaban sin parar para transmitir información a la gente, que a su vez propagaba las noticias, que corrían de boca en boca. Cuando Rajoy declaró a los medios que la concentración era ilegal e ilegítima, y acusó a sectores del PSOE de haberla
organizado, la multitud rugió y contestó: "nos han convocado los asesinados", y "la voz del pueblo no es ilegal". Cómo ibamos a ser ilegales, cuando el gobierno seguía mintiendo, ocultando información y violando los derechos más elementales del pueblo: el derecho a la libertad de expresión y al derecho a la
información. En TVE 1, Cine de Barrio. 
En Génova pasaban las horas y los ánimos se iban encendiendo cada vez más. Seguía llegando gente, y no se veían banderas de partidos políticos ni sindicatos. Sólo pancartas improvisadas con cartones y bolígrafos. Tampoco la gente cantaba; todo eran gritos de dolor e indignación. El jefe antidisturbios confesaba a un reportero de la SER que no podían disolver la concentración por la fuerza porque eramos ya más de 5 mil personas y no era cuestión de cargar contra la muchedumbre donde había ancianos y niños. Cada vez que algún miembro de la sede se asomaba a la ventana la gente rugía y pedía la verdad, y mientras, seguían llegando noticias de concentraciones espontáneas en todas las ciudades de España. Las nueve de la noche y nadie se movía de allí, pese al frío.  Nos llegó una nota que circulaba en manos de todo el mundo: A las doce en sol. Pasaló.  
De pronto otra noticia que se propaga entre la gente: dos hindúes y tres
marroquíes detenidos por su relación con los supuestos asesinos en Lavapiés.
Los servicios de  inteligencia por un lado y el gobierno por otro. Españoles
en el  extranjero, amigos de todos los puntos del planeta seguían mandando
noticias de las principales cadenas televisivas del mundo: Bush lamenta que
el apoyo de España a su guerra contra Irak haya tenido estas consecuencias
para Madrid. En cambio, el gobierno no lo lamenta, sino que oculta toda la
información y llama a la calma, e insiste en que en la jornada de reflexión
el pueblo no puede salir a la calle para expresarse. Rugimos más
aún: no nos vamos, sal al balcón, da la cara, PP responsable, PP culpable,
vuestra guerra, nuestros muertos, vosotros teneis chófer, nosotros Cercanías,
vosotros, fascistas, sois los terroristas. Diez de la noche y la gente sale hacia Sol tomando las calles sin permiso.  
Yo me voy a Lavapiés para cenar un poco y ponerme algo de abrigo porque ya no siento las manos del frío. La plaza está vacía, y al llegar a la calle
Cabeza nos encontramos con  una chica joven que, en la puerta de su casa,
aporrea una cacerola  con la cabeza alta y el semblante grave. Tímidamente
salen a los  balcones vecinos que salen a aporrear las cacerolas. Primero es
un suave tintineo, después comienzan a abrirse los balcones de todas las
calles y comienza un zumbido ensordecedor que se expande por todo el barrio. Bajamos a la plaza, que comienza a llenarse de gente que aporrea sus cacerolas, sartenes e instrumentos con fuerza. Aparece una cámara de televisión alemana, mientras la plaza y las calles están llenas de gente rotestando sin palabras, y en un momento precioso hasta parece que seguimos todos el mismo ritmo. Un ritmo fúnebre y contundente, seco, duro, lleno de rabia y solemnidad. Y marchamos todos hacia Sol, donde ni siquiera podemos entrar porque Madrid está en lacalle. Siguen volando las noticias, siguen multiplicándose los mensajes de solidaridad con las protestas de otras iudades, siguen propagándose las noticias. La policía ha cargado contra la gente en Zaragoza y en Barcelona. Están estudiando suspender las elecciones, ha aparecido en manos del PP, de repente, un vídeo en el que Al Quaeda reivindica el atentado, y la gente comenta asombrada e indignada que no salimos en los medios. En la SER comentan que pese a la toma de las calles por parte de la ciudadanía, no van a seguir retransmitiendo para mantener la calma y no calentar los ánimos. La censura del siglo XXI. Las cámaras, los micrófonos, y las luces desaparecen; solo quedan los reporteros alemanes que trabajan a destajo, y nosotros gritando, y todas las calles que desembocan en Sol colapsadas. No hay banderas, no hay partidos, no hay magnetófonos, no hay organizadores, no hay órdenes. La multitud avanza espontáneamente hacia Atocha y la policía se retira discretamente. La calle es nuestra y caminamos por donde queremos, cortando el tráfico. Nadie rompe cristales, nadie destroza el mobiliario urbano, Madrid avanza cívicamente y Ansuátegui ordena invisibilidad. La policía apaga las sirenas, y las lecheras apenas son percibidas. "Veniros con nosotros", grita alguno a los uniformados, que no se atreven ni a mirarnos a los ojos. La rabia está en el grito, en las palabras. La gente exige que el gobierno informe, que los medios informen, la gente exige que el gobierno asuma su responsabilidad, y que deje de mentir a un país entero, que a través de internet y los teléfonos móviles va conectandose con el mundo entero. Los medios nacionales ningunean la protesta y dejan claro de qué lado están. La gente alza sus móviles para que los que escuchan al otro lado perciban el ambiente que hay en Madrid. Más de un millón de personas bajan hacia Atocha por la calle del Prado y por la calle Atocha. Y circula otro papel: a las dos en punto cinco minutos de silencio. Pasaló. 
Todos al suelo. Silencio sepulcral. No hay cámaras. Miles de velas encendidas, y se rompe el silencio con el grito lleno de orgullo: viva Madrid, y todos gritamos, viva, viva Madrid. Aznar escucha, el pueblo está en lucha, y las riadas humanas avanzan hacia el Congreso. En la radio solo se oye música y resúmenes del partido del Real Madrid. Las  voces ya cascadas por el paso de las horas, los pies doloridos, y no  hay miedo, no hay policía, solo el helicoptero rugiendo encima de nuestras cabezas, y una sensación de euforia al ver que somos tantos, que somos incontables. "También estuvimos en la anifestación de ayer", decian algunos cartones a modo de pancarta. Frente al congreso, las lecheras protegiendo el recinto sagrado donde unos cuantos toman las decisiones sin preguntar. La gente vuelve a gritar, dijimos no a la guerra, dijimos no a la guerra, vuestra guerra, nuestros muertos, un pozo de petróleo por un pozo de sangre, embusteros, tve = nodo, urdaci nazi, queremos la verdad.  
Pasamos el congreso, llegamos a la Gran Vía, seguimos por Hortaleza. La
gente sale de los bares, los pubs y las discotecas. Unos se unen, otros
provocan preguntando qué pasa y por qué tomamos las calles, y Madrid
avanza imparable bajo la atenta mirada del helicçoptero. Los porteros de las discotecas desde las que sale música evasiva y alegre  nos miran alucinados, tratando de proteger los imperios del alcohol y la música entretenida. Llegamos a la sede del PP de nuevo, y la gente, pese al cansancio, sigue aullando. Cuatro, cinco de la mañana, y la gente grita hoy protestamos, mañana os cesamos, a la hora de votar se tiene que notar, asesinos, mentirosos.
Agotada regreso a casa. En Sol hay cientos de velas encendidas, y decenas
de ramos de flores y carteles, cartas, gritos de papel donde  la gente demuestra su solidaridad y su cariño. La gente se arodilla, enciende más
velas, y todo está en silencio. Siguen las pancartas colgando de todos los
rincones de la Puerta del Sol; los servicios de limpieza esta vez respetan
el dolor de una ciudad entera que llora a sus muertos. Banderas de todas
partes del mundo, y escritos en árabe, no al terrorismo, PP responde, mensajes de las familias de los fallecidos, basta de horror, queremos la verdad, televisión manipulación, y cuatro mendigos apoyados contra la pared,
rodeados de velas, en silencio. El pueblo llora, el gobierno miente. Lucía
no te olvidaremos nunca. Papá te quiero. Esta no es nuestra guerra. Agotada,
no puedo ni moverme de allí. Porque si la gente expresaba la rabia ante la
mentira en la calle Génova, allí se concentra el dolor, el silencio, velas
encendidas y flores congeladas del frío que hace.  
Esto es lo que sucedió en Madrid la víspera de las elecciones. Y si en los
medios no se quiso recoger esta toma de las calles por parte del pueblo madrileño, por lo menos que se difunda por la Red lo que pretende ser acallado y ocultado. Porque algo ha cambiado desde anoche: ya no tenemos miedo.
Ni en Madrid, ni en el resto de las ciudades, ni los pueblos.Y no necesitamos
partidos políticos que organicen manifestaciones: ya sabemos que
internet y los móviles cuentan lo que no cuentan los medios oficiales, y ya
sabemos que tenemos una herramienta de comunicación, la del boca a boca, para expresarnos. Se nos han negado los derechos fundamentales que recdonoce nuestra Constitución, y el pueblo ha pagado caro la incursión de su gobierno en una guerra por petróleo. Un pueblo que nunca ha tenido problemas con el mundo árabe, un pueblo que se indigna ante la mentira y los insultos del candidato a la presidencia de España. Madrid demostró que está llena de gente de todas las nacionalidades, edades y condiciones sociales que
son sensibles, y fue anoche la verdadera democracia, la de la soberanía del
pueblo, en la que la gente se expresaba libremente.  
PÁSALO.
 

(...).De repente tuve la visión de un edificio imponente derrumbandose y el hombre cayendo en picado al lodo primogenio. Lucha por mantenerse a flote, manotea, trata de respirar, se arrastra desesperadamente en el barro, hasta que algo enorme y suave se acerca a él y lo levanta, como un delfín todopoderoso. El hombre no alcanza a verlo, pero está impresionado. Lo llaman Dios.- <<Lo lamento pero su alma ha muerto>>. "El periodismo canalla y otros artículos". Tom Wolfe

-Vaya truñeteee...!
-Fino, fino... tío.

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